No dejes que te pase, y si te pasa, cuenta conmigo
02/05/2026
Tu mente está construida para sobrevivir. Y si partimos de esta idea, todo lo que haces tiene como fin último que vivas un día más.
En otras palabras… A tu mente le vale un cacahuate eso de la mejora continua (personal, profesional, animal o de cualquier otro tipo). Si llegas a acostarte en tu cama esta noche, está hecho, haz logrado sobrevivir un día más y eso es lo único que le importa.
La buena noticia, porque hay una buena noticia en todo esto, es que aplica por igual para todos. Tu jefe indeciso en los momentos importantes, tu vecino salvaje que pone su música a todo volumen, tu compañero de trabajo que siempre te pide ayuda. Todos son guiados por una mente cuyo único objetivo es que lleguen a su cueva para pasar una noche más.
¿Y que tiene que ver esto conmigo? Bueno, primero te hablaré de Jorge.
Jorge (nombre cambiado para evitar fricciones innecesarias) es un profesional agrícola a mitad de sus 40s. Egresado de escuela agrícola de renombre, se ubicó rápido en una empresa que le ofreció un sueldo competitivo. A los pocos años de egresado ya “lo había logrado”, con camioneta, computadora, celular y hasta calcetines con el logo de la empresa. Es conocido en su colonia como “El Inge”.
Hombre de familia, con esposa y 2 hijos. Supo moverse entre la telaraña corporativa para escalar algunas posiciones. Y fuera de algunos desencantos laborales, su vida había sido cómoda. Hablo de esa comodidad que te envuelve cual pesticida a la planta (ya sabes, en una aplicación de cobertura total).
Hasta el día que lo despidieron. Fue un shock total, porque jamás vio venir ese momento. Tuvo una mezcla de rabia, angustia y desesperación.
Cuando platicamos, Jorge aún no sabía que había pasado, pero su estrés y su ansiedad ya le estaban pasando factura. Le dijeron que fue “un tema de reajuste por las bajas ventas generales de la empresa”. Pero sentía que había algo más. Y vaya que lo había.
Llevaba años haciendo lo mínimo necesario cada día, porque aprendió que si hacia más de lo que le tocaba, le cargaban la mano.
No recordaba la última vez que se había involucrado en un proyecto nuevo y retador en su empresa. Solo dejaba que la corriente lo llevara.
Estaba estancado en sus conocimientos y habilidades, y llevaba más de una década que no tomaba una capacitación por cuenta propia, solo lo que la empresa le pagara.
Jorge vivía, trabajaba y vendía en piloto automático. Hubo señales de su despido, pero jamás las vio. En su mente había construido un futuro en el que se veía por siempre ahí.
Fue duro verlo reconstruirse. Le tomó meses lograrlo, pero le dolió como pocas cosas duelen en la vida de una persona. Porque el cambio duele. Sí. EL CAMBIO DUELE.
Tu mente no quiere que cambies. Todo cambio implica andar caminos desconocidos, gastar energía, exponerte a la crítica o que te marginen de tu grupo social. Para tu mente esto es exponerte innecesariamente, y si te arriesgas tanto, quizá no pueda cumplir con su objetivo esta noche. Por eso “te jala” hacia el camino que ya tienes trazado. Hacia lo conocido, sin importar si es incómodo.
Solo cambias hasta que el dolor alcanza un nivel con el que no puedes vivir un día más. Mientras tanto, puedes aguantar la incomodidad, e incluso acostumbrarte a ella.
O cambias cuando te mueven tu mundo, cuando te dicen “muchas gracias por participar, pero ya no trabajas aquí”. Entonces toca reconstruirte aunque no lo quieras.
Volvamos con la buena noticia: La mayoría de personas que te rodean van en piloto automático. La competencia no es tan alta como crees. La gente no tiene como hábito o prioridad mejorar cada día. Tú eres un ejemplo de esto… En la última semana has vivido 168 horas. ¿Cuántas de esas horas dedicaste a mejorar algún aspecto de tu vida?
Aquí es donde entro yo.
Para ti, puedo ser ese maestro duro o ese amigo molesto, que aunque en su momento te hizo renegar, lo recuerdas con benevolencia porque sabes que te ayudó a avanzar en tu vida, a forjar carácter, a superar un momento difícil, o a cualquier otra cosa, pero te empujó, te jaló, te arrastró; te movió de alguna manera.
Te lo digo de una vez: Tus familiares y amigos cercanos te quieren demasiado, tanto que no pueden decirte las cosas que debes escuchar. Y tus jefes y compañeros de trabajo ya tienen suficiente con sus propias fricciones, como para decirte las cosas difíciles y generar aún más fricción. El 99.9% de la gente que te rodea es incapaz de decirte algo que realmente te ayude a avanzar, en lo personal o en lo profesional, que son lo mismo.
Yo, ni soy tu amigo, ni tu familiar, ni tu jefe, ni tu compañero de trabajo. Ahí radica el poder de nuestra relación: Un ser humano ayudando a otro ser humano. Ni más ni menos.
¿Y cómo te ayudo? Te envío un correo diario para que te conviertas en un humano de alto rendimiento. Algunos correos te harán pensar y otros te golpearán directamente. Habrá correos que sientas que te espío y otros que le hablo a alguien más. Incluso muchos de ellos pasarán de largo, sin tocar una pizca de tu mente o de tu alma.
Son correos para que, cuando te estanques en la vida, tengas herramientas para salir del hoyo y seguir adelante. Jorge se estancó. y no solo no lo vio. Durante años hizo del estancamiento su lugar seguro. Pensó que eso le pasa a otros, pero no a él. Hasta que le pasó.
Porque sí, en algún momento de tu vida te vas a estancar. Nadie estamos exentos de ello. ¿Yo me he estancado? Por supuesto. Al momento de escribir estas líneas, mayo del 26, vengo saliendo del hoyo más profundo en el que he estado en toda mi vida. Pude salir gracias a muchas de las herramientas que te iré compartiendo.
Y sé que pensarás que esta relación, entre tú y yo, es injusta, porque yo tengo el trabajo pesado: Escribir un correo cada día. Siempre. Feriados. Navidad. Mi cumpleaños. Mientras que tu solo tienes que suscribirte a un costo de cero pesos, y leerlos.
Estoy dispuesto a hacerlo porque estoy convencido de que te puedo ayudar. No mañana, no la siguiente semana o no el siguiente mes. Pero tengo la certeza, de que de una u otra manera te puedo ayudar. Solo es cuestión de tiempo. Porque yo vine a este mundo a ayudar a muchas personas, a la mayor cantidad posible de ellas.
Pero no te engañes. Piensa bien antes de anotarte (que bueno, te puedes dar de baja en cualquier momento, sin resentimientos; prometo que no lloraré tu partida en el lavabo del baño). Piensa porque son correos duros. Son “Correos de Cambio”, y el cambio duele. Son “Correos de Mejora”, y como para cambiar hay que mejorar, la mejora también duele. Son “Correos de Vida”, y tú mejor que nadie sabes, que vivir, muchas veces duele.
Si te animas. Nos vemos dentro. En este viaje de descubrimiento.
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