Estudié la ingeniería en mecánica agrícola y la maestría en horticultura en la Universidad Autónoma Chapingo. Incluso antes de titularme comencé a trabajar como profesor de ciencias y humanidades a nivel preparatoria, al tiempo que cursaba un diplomado en producción en invernaderos.
Durante 3 años trabajé en educación, llegando a convertirme en director de una preparatoria privada, donde fui el responsable de los procesos académicos y administrativos, con más de una docena de personas a mi cargo, la mayoría de las cuales me superaban ampliamente en edad.
Mi primer trabajo en la agroindustria fue como especialista en estimaciones en Driscoll’s, donde mi actividad principal consistía en visitar campos de producción de zarzamora, frambuesa y arándano, para ajustar la estimación de producción. Sin embargo, también debía brindar apoyo agronómico a los agricultores, por lo que puse en práctica mis conocimientos de nutrición y manejo.
En esta etapa afiancé aún más mi expertise técnico con un diplomado en producción de berries. Y después de 5 años, cuando fungía como especialista en producción, decidí lanzarme por la libre. Así fue que empecé a asesorar productores por mi cuenta a vender bioinsumos varios años antes de que fueran un gran boom.
En 2019 dejé el agro para comenzar, junto con un socio, un proyecto de capacitación para empresas de diversas áreas. El proyecto pintaba bien y justo cuando comenzaríamos con nuestros primeros clientes, ocurrió lo de la pandemia y las puertas de todas las empresas se cerraron. Esperamos porque pensamos que no iba a durar, y mientras esperamos capacitamos pequeños emprendedores, pero eso se extendió y el proyecto dejó de ser viable, así que me regresé a asesorar agricultores.
Tiempo después una empresa de California me invitó a trabajar como responsable del área de contenidos dentro de su equipo de marketing. La empresa en cuestión se llama ProducePay y ofrece financiamiento a agroexportadores. Estuve ahí algunos años, hasta que le llegó una crisis financiera a la empresa y mi jefe decidió despedirme, porque capacité tan bien a mi segundo, que podía cumplir con el trabajo y solo cobraba la mitad. Así fue como emprendí nuevamente mi proyecto de capacitación.
Actualmente ayudo a profesionales agrícolas a comunicar mejor para vender más, con herramientas prácticas que pueden aplicar desde sus primeras conversaciones, sin complicar su forma de trabajo. Esto mediante capacitaciones a empresas agrícolas, presenciales o virtuales, sobre comunicación, ventas y atención al cliente, liderazgo, trabajo en equipo y productividad.
Una cuestión curiosa sobre mí es que acabo de cumplir 17 años de experiencia en la agroindustria, y justamente son los mismos años desde que empecé a estudiar marketing y habilidades blandas, dos áreas temáticas que siempre me llamaron la atención y en las que me he preparado mucho. De hecho, esta fue la razón por la cual, como profesional agrícola con un aparente perfil técnico, pude trabajar en marketing, y es la misma razón por la cual ahora trabajo como capacitador.
De hecho, estoy certificado por el CONOCER en los estándares EC217.01 y EC0301, para la impartición de cursos de manera presencial, y estoy en proceso de certificación del EC0366 para la impartición de cursos virtuales. Además, junto con una socia, que es una de mis hermanas, estamos desarrollando el proyecto para tener un centro de evaluación de competencias laborales.
Además, recientemente formé parte del diplomado de agronegocios del Tec de Monterrey, como profesor del módulo de sistemas informáticos para los agronegocios. donde llevé a los asistentes a través de todo el proceso de obtención de información clave para la toma de decisiónes.
Esta es la razón por la que me encuentro en el punto exacto para entender ambos mundos, el técnico y el humano, y por lo cual puedo aportar valor a las agroempresas que necesitan capacitación en habilidades blandas para impulsar a sus equipos técnicos.


