Si sueles dar instrucciones a otras personas, porque tienes gente a tu cargo, integra el hábito de pedir confirmación.
Al inicio es incómodo, porque sientes como si no confiaras en la capacidad de quien tienes enfrente; pero con el tiempo se normaliza y te ahorra muchas idas y vueltas.
¿Sabes que el retrabajo es el factor que más afecta a los negocios de cualquier tipo? Y este ocurre donde hay un ambiente de mucha confianza, en el que se confunde confianza con creer que todos están en la misma sintonía.
Pasa que tú das una instrucción, pero la otra persona entiende algo diferente, porque carga con cosas que tú desconoces: preocupaciones, pendientes, entregas, fechas y entonces no te pone total atención.
Su cuerpo está ahí, pero su mente está en otro lado.
Cada uno cree que el otro está pensando lo mismo, y luego llega la tan temida frase: “Eso no era lo que quería”.
Y así es como se entra al ciclo interminable de ajustes, correcciones, modificaciones, etc. Y algo que debía tomar una hora quizá ahora requiera cuatro, por ejemplo.
Una frase como “coméntame qué fue lo que entendiste que vas a hacer” al terminar de dar una instrucción hará que ambas partes tengan las mismas expectativas.
Primero. Te sorprenderá cómo la gente puede entender cosas tan distintas.
Segundo. Con esto aprendes a dar instrucciones cada vez más claras.
Porque si la otra persona falla, debes tomar la responsabilidad de la comunicación fallida. Si lo haces puedes mejorarla, si no lo haces simplemente no hay nada que hacer.
